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Tres estatuas

«…Si estás leyendo esto seguramente me haya marchado, no sé si muy lejos o tan cerca como para que puedas sentirme entre las enredaderas de este mausoleo abandonado al que te he pedido que regreses.

¿Recuerdas el viaje?, quizá ya no, quizá todo haya cambiado tanto en tu cabeza que solo puedas atisbar una sombra en algún lugar oscuro y recóndito, algo diluido en un tono sepia que esté a punto de desaparecer para siempre, una moneda corroída que sobrevive a duras penas bajo las vías de un tren abandonado…, en fin, siempre consigo que te aburras entre mis palabras, que busques escapar de ellas e intentes quemarlas.

Solo te pido que, bajo las lápidas de aquellos monjes, aquellas dos lápidas que casi parecen formar una sola, busques nuestros nombres. Algo que siempre odiaste y que aún así yo me he tomado la libertad de hacer. Que busques nuestros nombres y cojas la pequeña caja que he dejado enterrada bajo ellos, que te la lleves lejos y la abras, que por un momento, en este lugar abandonado y triste, te acuerdes de mí, de nosotros hace treinta años.

 

Es curioso ver ahora las tres estatuas suspendidas, parecen mucho más grandes de lo que eran entonces.»

 

Siempre tuyo, «El Guardián».

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