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Recuerdos sobre el mar

La ventana se abre,

el sonido del mar entra,

se encarama a los oídos,

atraviesa la habitación,

la odisea del náufrago,

la brisa salada de tus párpados.

 

He podido hablarte

como hablan los idiotas en una cena,

como rodean mis pasajes tus abrazos,

como deambular en la noche

descalzo a través de las calles.

 

Descálzame despacio, que tengo prisa,

como pájaro en manos avariciosas,

como abril y sus aguas rotas,

como luna en el horizonte,

en el final del camino

que nunca comencé.

 

Abro la ventana hacia tu encuentro,

hacia las ondas cristalinas,

hacia la vasta sombra bajo tus letras.

Abro la ventana que cerramos de golpe

y sólo puedo caer de rodillas,

arrodillado sobre la arena.

 

Te veo formando castillos,

figuras descompuestas en otras,

bajo cielos que dibujaste con los dedos.

Te veo escuchando el griterío

de los ángeles en la noche,

las luciérnagas que revolotean

en el aparente vacío.

 

Desnúdame, entre las olas blancas,

como pájaro en manos sin prisa,

como abril y sus aguas rotas.

Desnúdame;

hasta que la arena me entierre,

hasta que las gaviotas me llamen,

hasta que cangrejos y estrellas

  construyan con palabras la marea.

 

La ventana se cierra,

una puerta se abre

en otra parte,

en otro mundo.

Y bajo a recordar

tus castillos sobre la arena,

tus cielos en témpera,

tus recuerdos sobre el mar.

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