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Veinte y veinte

Los segmentos suspendidos,
la noche derritiéndose,
tus labios encarnados en un reflejo
y el polvo, siempre el polvo,
sobre nosotros.
 
Veinte y veinte, parpadeos,
rasguños en la piel,
disparos al anochecer,
máscaras sin carnaval
y carnaval sin abrazos,
sin música, sin baile.
 
Empañé la vida, con suspiros aislados,
difuminé cada segundo,
como otras tantas veces,
idiotamente, sobre el estanque helado.
 
Veinte, veinte, veinte y te fuiste,
vendiendo tus sueños al dueño de la muerte,
diez y nueve.., fueron tus pasos sobre la arena
y a la veintena,
rasgaste con acentos mis velas.
 
Se disuelven ya los segmentos,
los fractales inexactos de las historias,
de lo vivido en la negrura,
del recuerdo más necesario.
El recuerdo de lo que guardo todavía,
entre amigos de distancias,
entre los que están a la vuelta del día
y que, cuando el telón cae, me acunan.
 
Rasgaste con acentos mis velas
y te juro que aún no me he hundido,
a pesar de mirarte, como te miro,
en la ventana de las interrogantes.
Y te miraré siempre, en la distancia,
como se mirará el veinte mañana,
como se miran las cosas que se pierden,
como se admiran las mariposas que escapan
de los abrazos de los niños.
 
 
 
Veintiún caminantes despiertan,
veintiún huellas en el cristal de las calles.

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