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La Vida es Extraña



Recuerdo las etiquetas desteñidas en aquellas botellas viejas. Las velas encendidas a cada lado de la mesa y tus ojos volando, centelleando en la penumbra.

“Es jueves y las voces se pierden a lo largo de angostas calles en el exterior. Quizá si me estuvieses viendo te parecería estúpido, tumbado sobre el suelo con los ojos cerrados, sonriendo como si fuese el tipo más hipócrita del mundo… Pero sinceramente, me relaja.

No pienses mal, hace tiempo que de mi dieta he restringido el consumo de “substancias psicoactivas” o como quieras llamarlo. Tampoco intuyas que lo hice por esos anuncios contraproducentes que sacan de vez en cuando por la televisión. Más bien lo he dejado para poder comprender cuánto de hondo es el agujero en el que estaba metido.

Sé que no me creerás porque la última vez que nos vimos estaba ostensiblemente perjudicado, pero ya han pasado casi diez años desde ese instante, y en diez años pueden ocurrir muchas cosas o ninguna, dependiendo de lo que cada uno decida.
En fin, no quiero irme por las ramas. Solo quiero decirte que cuando te vi por última vez, sentada en aquel banco bajo la lluvia, decidí dejar de lado el pasado y viajar hacia el futuro, o lo que pueda haber más allá de este instante.

He secuestrado ese recuerdo, no podría encontrar mejor forma de describirlo, secuestrado cada gota de agua suspendida en el vacío, secuestrado tu figura borrosa. Por ello es posible que estés cabreada, que quieras que te devuelva ese momento… Pero créeme, no podría, ha germinado tan hondo que arrancarlo acabaría conmigo.

Todo lo que cuento parece irreal e incomprensible, sin haberte hablado siquiera hice de ti una bandera, una guía emocional. Y aunque te parezca una locura de tipo perturbado, solo te pido poder conocerte, solo pido poder alcanzarte a través de la lluvia. Porque sé que hace tiempo borraste de nuestras mentes el recuerdo de una vida juntos, pensando que la noche acabaría con todos mis males.”

Recuerdo las etiquetas desteñidas en aquellas botellas viejas. Las velas apagadas a cada lado de la mesa y tus ojos volando, centelleando bajo la luna. Hablando con labios húmedos sobre bocas secas, recordándome el comienzo de todo, tus viajes a través del tiempo. 

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