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El Faro





Recorrí con la mirada cada rincón sin llegar a ver nada, busqué tu cara entre la gente y grité tu nombre en la oscuridad, pero solo encontré mi reflejo sobre el humo negro que me envolvía…

Me recuerdo caminando sobre las vías del tren, con paso lento, aguantando el equilibrio, jugando con los sueños y la muerte a las cartas, a ciegas, en mañanas interminables de veranos e inviernos perdidos en la nube de una vida secuestrada por el tiempo.

Recuerdo las plantas que crecían entre la madera intentando agarrarme, las piedras que rodaban a mi paso, las flores, el campo, el día nublado…

Tiraba piedras al mar, sonriendo, las tiraba desde el puente de piedra y buscaba entre la arena pedazos de cielo encerrados en diminutas conchas desperdigadas en la orilla. La marea bajaba con el sol en el horizonte escapando del mundo, pequeños insectos se apartaban de mis pies descalzos y fríos.

En algún momento dejé de mirar lo que me rodeaba, en un instante inconcreto todo se convirtió en un reflejo borroso de lo que era.

Desde mi cuarto podía ver el faro iluminando aquel mar oscuro, en noches en las que mi mente se perdía entre las estrellas. Entre todas las noches destaca una, la noche en la que mis ojos observaron aquella silueta en las rocas… una silueta que miraba el vacío, que parecía entender a la oscuridad reinante…

Recuerdo mis pies bajando las escaleras de piedra, bajo la mirada atenta de un gato que me observaba sobre el muro con ojos brillantes. Los segundos fueron horas hasta llegar a la playa, el tiempo parecía correr con una lentitud exagerada…

La brisa rozaba mi cara cuando llegué a las rocas, cuando me acerqué al lugar donde había estado aquella silueta recortada en la oscuridad… Y allí seguía, a lo lejos, mirando el mar y acercándose cada vez más al agua.

Era ella, no había duda, volvía a mí de nuevo, esta vez podría despedirme…

Pero una ola me impidió acercarme, desapareció como la última vez, se la llevaron de mi lado de nuevo, volvía a estar solo entre los recuerdos que me ahogaban…

Te fuiste un día y el océano te atrapó con su manto oscuro… pero hay noches en las que puedo verte bajo la fría luna y abrazarte en silencio aunque sepa que pronto volverás a desaparecer entre las tinieblas.

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