Hay un instante que solo ocurre una vez cada cierto tiempo, un instante en el que el mundo parece no haber cambiado, pero muy dentro de ti sabes que nada volverá a ser igual.
Hay un momento en el que la luz se transforma, adquiriendo una nueva tonalidad, no sabrías definirlo, no serías capaz de transmitirlo con palabras, pero algo ilumina cada objeto, cada superficie con un nuevo matiz.
Los olores, los contornos, los colores, todo se trasforma en un segundo, todo estalla y renace, todas las partículas se unen para crear algo nuevo.
La luz de verano llega cuando menos te lo esperas, cuando caminas en la penumbra, o cuando estás atrapado entre las nubes, llega y trastoca tu mundo, lo ilumina, lo convierte en algo perfecto…
La luz de verano llega, y muchas veces se va, dejándonos su recuerdo, un recuerdo mágico que se mantiene con nosotros hasta que nos olvidamos de respirar…
Luz de Verano
«La luz de verano acarició tu piel aquella tarde en la que olvidé todo lo que te rodeaba…»
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