
Un suspiro que cruza el umbral;
neurodivergente
cascada de sucesos,
barcas vacías
y noches trazando finales.
Suspiro de voces que abren ventanas
que suenan a mar, a río y asfalto…,
sobrepensando algo
que olvido detrás de una puerta.
Entretanto, las luces repiten verdades,
realidades dibujadas por un ciego
en un sótano de vidrio
cubierto con
bodegones cubistas.
El Narciso ciego habla
mientras todos alaban,
suscriben y repiten
una oración sin alma.
Prefiero la noche, el desorden de las cosas,
la auténtica forma de una exhalación de humo,
observar a la jardinera que se emborracha
en un bosque acallado por el trino
de cien cuervos.
.
.
.
Lo último que hice entonces fue
cavar una fosa donde meter
una interminable cadena de silencios.
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