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Para Toda la Eternidad

El tiempo ha pasado lento, demasiado lento, en esta habitación fría, en esta soledad que le consume. Sus ojos de vidrio miran a través de una ventana cubierta de escarcha, miran el mundo exterior, mira un parque lejano, vacío. Sus pequeñas manos de metal tocan el cristal, solo quiere saber qué es la felicidad, solo quiere saber como es la vida cuando la sangre recorre tus venas, cuando el viento roza la piel, cuando el sol da calor y se siente el frío. Una mesa, una silla y una mansión abandonada son su única compañía y el silencio… el silencio que todo lo envuelve. Todos se han ido, y no volverán jamás, aunque todavía puede recordar aquella misma mansión llena de vida, llena de ruido, llena de gente. Pero poco a poco todos fueron desapareciendo, fueron engullidos por el pasar de los años, por el pasar de los segundos, del tiempo, de la vida que tarde o temprano acaba. Y al final se quedó solo, deambulando por los pasillos de la casa, viviendo de recuerdos y pequeños momentos pasados. 

De pronto algo le llama la atención en el parque, alguien esta sentado en uno de los bancos, y sus ojos se encuentran, y se da cuenta, de que por mucho tiempo que pase, jamás olvidará esa mirada. Sale de la casa y se acerca, jamás había salido de aquel lugar, jamás había sentido el suelo de piedra bajo sus pies. Ella lo está mirando, con sus ojos oscuros, y el se pierde en esa mirada que le traspasa el alma. Porque hay momentos en los que el tiempo y el mundo son perfectos, porque hay momentos en los que el aire y todas las cosas del universo se compenetran y crean un baile perfecto, una sintonía mágica que nos hace perder el sentido de la realidad, momentos de pura felicidad. 
Hablan de todo y de nada, se cuentan cosas inexplicables, cosas que jamás contaron, cosas que guardan en su interior desde siempre, y el tiempo, como el aire y el agua, se escapa sin poderlo remediar. Ella debe irse, pero promete que volverá, el se queda y esperará, porque es lo que siempre ha echo, esperar y esperar.
Se queda sentado sobre un banco de madera, mientras ella desaparece entre la niebla, y espera, espera y recuerda los momentos que paso a su lado, porque el resto de las cosas son actores secundarios ahora, y ella es el centro del mundo.

Ella recorre el suelo empedrado, y en el parque no hay rastro de él, del chico de metal. Hasta que se da cuenta, sobre el banco hay una figura sentada, una figura inmóvil. Se acerca poco a poco, el oxido ha congelado el cuerpo del chico, ella se sienta a su lado, pero los ojos de vidrio ya no volverán a mirar, ya no volverán a observar el mundo. Pero los sentimientos son algo inquebrantable, son algo que nunca muere, que por mucho tiempo que pase jamás desaparecerán.
El viento mece las ramas de los árboles y el sonido de una fuente cercana llena de sonido el silencio del lugar, y ella se queda a su lado, y esperará, esperará a que el vuelva a mirar, hasta que esos ojos de vidrio regresen de la eterna oscuridad.

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