Criaturas pendulares

Se abre paso el silencio
entre criaturas pendulares.
Se abre paso lo desconocido
sobre ojos fantasmales.
Meciéndose en el vacío,
expectantes.


Las estrellas se arrastran ahora,
olvidando el cielo negro,
perdidas en la oscuridad cristalina.
Se arrastran ahora, sobre mí,
entre las hendiduras del tiempo,
antaño brillantes.


Puedo ver luz 
rayando la negrura,
puedo ver, sentir la respiración muda
del océano, de la luna, 
de los versos que alimentan la roca, 
el sueño.


Y es aquí donde me veo
o más bien me siento,
o en realidad despierto
rodeado de vida el corazón muerto.
Cangrejos como luces estelares en los huesos, 
peces escondiéndose en el pecho,
entre las costuras del recuerdo.


Se abre paso el silencio
entre ojos de luces ancestrales.
Se abre paso mientras fluyes
entre cien tiburones fantasmales.
Flashes bajo las hendiduras del tiempo,
rayos en la noche,
criaturas pendulares.




Atlántida

Ellos olvidaron el suelo,
olvidaron la lluvia,
el océano.
Olvidaron la sangre de otros
bajo la mentira de un mundo cegador.

Sus mentes empequeñecieron
borrando cada cosa decente,
cortando amores de las copas más altas
para que la caída fuese más dolorosa,
más fuerte.

Atlántida se llenó de polvo
mientras oprimíamos su cuello con fuerza…
Podría parecer una fantasía
pero durante el sueño clavamos más hondo el puñal
y ella reía.

Hubo mujeres,
hubo hombres,
hubo ratas carcomiendo sus sábanas,
hubo topos sin rumbo en sus entrañas.

El frío es insoportable
y el calor nos quiebra la piel.
Bajo la niebla sobrevive el recuerdo,
bajo capas de escombro,
escombros de almas sin alas.
La tumba de lágrimas sin ojos.

Olvidaron el destello de la vida,
el perezoso despertar del Sol.
Olvidaron los saltos de ángeles marinos,
de veloces cuerpos en la tierra que los vio partir.
Olvidamos Atlántida
y con su sonrisa la dejamos morir.





Lejos de Casa

A veces me veo lejos de aquí,
lejos de palabras sin rumbo,
de deseos imposibles
bajo la fría sombra del error.

En ocasiones admiro al viento
y su verso profundo.
Al ritmo incontenible del agua,
del océano helado
más allá del mar de Barents.

A veces recorro las venas del mundo,
sumerjo mis manos en lava incandescente,
en las aguas profundas del Atlántico.
Y llueve en sus párpados,
podemos sentirlo.

Los problemas más grandes
parecen pequeños.
Porque nuestros ojos no miran,
vendas espesas en los párpados,
convirtiendo la hipocresía en bandera.

A veces me veo lejos de aquí,
lejos de la sombra de montañas sin cielo,
lejos del deseo de cambiarlo todo.
Cerca del Sol, cerca de la corriente sin fin,
corriente de tiempo.