Dulce y amarga Navidad.

Luces de navidad
en las paredes.
Luces ardientes
en tus labios,
en los giros,
en la noche.

Reflejos de fantasmas,
de ausentes por elección.
Destellos y sombras,
bailando entre las neuronas.

Has surgido como nunca,
como un brindis inventado.
Has surgido desgarrando,
mi garganta,
mi mantel de engaños.

Luces de navidad y risas,
y árboles que se apagan,
y corazones congelados.
Luces y sombras,
bailando bajo la tinta.

Has surgido como nunca,
preciosa y dolorosamente.
Igual que aquel sol mortecino,
cansado pero dulce,
dulce y amargo.

Navidad y recuerdo
bailando en las estrellas,
corriendo entre la luna,
la tierra y el océano.

Y los coches como peces,
como vidas inconexas,
como nebulosos fantasmas.
De otro yo y otra tú,
en inviernos de cristal,
en esferas de lo imposible.

Luces ciegas,
copas rotas,
manteles empapados.
Escribo sobre vuestros márgenes,
sobre vuestras esquinas.
Palabras bajo la lluvia,
que despliega mis alas,
y las tuyas,
y las de todos.

Feliz y dulce, dulce y amarga, y menos amarga Navidad.

El abismo entre las ramas


Quiero construir el abismo,
el abismo entre las costuras
de estos sueños,
de aquellos días.

Deseo rondar entre las neuronas
de su memoria, del universo.
Deseo partirme en mil pedazos
y ser alguien, y sentirme completo.

Quiero y al mismo tiempo despierto,
en el mismo traje inventado,
lleno de descosidos, mordiscos,
hendiduras en la noche.

Porque he susurrado demasiadas veces,
vocales sin luz, sin calor, sin consonante.
Porque mis pies se hunden en el barro,
en la niebla de los miedos,
de la comodidad asesina.

Entonces veo el árbol,
lejano y fugaz entre las estrellas,
entre las luces que bailan sobre el agua.
Veo las ramas y algo se revuelve,
en las entrañas, en las profundidades,
arañando la piel.

Porque he gritado demasiadas veces,
gritos de dolor, de felicidad, de silencio.
Porque dentro de mí somos muchos,
pero la mayoría, casi todos,
simplemente se han convertido en sombras,
en desconocidos rostros del pasado.

Quiero, deseo,
necesito que desaparezcan los tiempos,
las despedidas, los algoritmos del desorden.
Que el árbol sobreviva para siempre,
aunque mi cuerpo se haya quemado
y tu voz se congele en el horizonte.

Quiero construir el abismo,
el abismo entre las ramas;
de estos recuerdos,
de aquellos sueños,
de nuestra vida.