Ruido

El ruido enmudece las canciones,
las palabras susurradas,
los brillantes poemas.
Enmudece tu voz temblorosa,
que tropieza en mis recuerdos
y se enreda en las entrañas.

Coreando tu nombre
bajo el ruido,
que lo inunda todo.
Convirtiéndome en traslúcido,
transparente e invisible tras el espejo
de las serpenteantes calles.

E intento representarlo,
expresarlo con fuerza,
con la nube gris de los adentros.
Pero caigo como siempre…
Cayendo sin golpe,
cayendo en el olvido.

Ruido lleno de disfraces
en el cristal negro y frío.
Cristal de bailes, de sonrisas,
de crueles desdichas.
Reflejo de cielos y avernos,
de sábanas blancas en el limbo,
en el purgatorio del alma.

Y mientras grito
y se marchitan las lunas,
las miradas y los dioses.
Me doy la vuelta vacío,
sin versos en las costillas,
sin notas en los oídos.
Entonces el ruido me rodea,
me acuna
y me engulle.

“El espejo sigue mirando y escupiendo, cantando y riendo. Mientras todos los ojos lo observan expectantes. Como ciegos ángeles del olvido.”