Dentro de cada uno

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Dentro de cada uno

cien lirios a cada lado duermen,
a cada lado ríen,
sangrantes de agua.

Allí estaba,
en aquel palacio inacabado.
Allí caminaba,
abriendo incontables tumbas,
incontables alcobas.

La cúpula abovedada,
la escalinata de serpiente.
Los ojos llameantes
en las vidrieras moribundas.

Tenía habitaciones de bosques,
de días en la playa,
de aguas cristalinas
y luces bajo montañas.

Sé que no tuve tiempo
de esconder toda la sangre.
Sé que me quedé sin aliento
construyendo puertas y paredes,
dibujando sonrisas borrosas.

Y abría cada ventana,
y rompía cada cuadro.

Cien lirios a cada lado de la puerta
y mis piernas estáticas,
los músculos tensos,
la respiración entrecortada.


Hay un cuarto que nunca se abre, hay un monstruo dormido en cada alma, en cada corazón palpitante. Hay oscuridad atrapada que se cuela entre las rendijas, espesa negrura bajo las escamas de nuestra piel.

Abrí su puerta sin poder evitarlo y las ventanas estaban tapiadas, y los jarrones se llenaron de flores muertas. Porque me quedé sin aliento, borrando toda la sangre, limpiando todas las huellas. Y lo miré en el espejo, sonriendo diabólicamente con las llaves brillando entre los dedos. Atravesándome con mis propios ojos, con mis propias manos…

Laberintos hacia lo desconocido

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La espada brillando
bajo el árbol más alto.

Laberintos de madera sobre agua,
alargándose a través del espacio
y el tiempo, consumidos,
agotados tras el cristal opaco.

He visto ángeles entre la bruma,
brillantes ojos desgastados.
He visto que bailabas con alguien
bajo una careta impropia,
con el olvido a la espalda
desgastando tu recuerdo.

Laberintos de madera 
hacia lo desconocido,
venas palpitantes 
sobre el fantasma de un sueño,
desmembrado y diminuto.

La espada brillando
bajo las barcas de madera.
El agua jugando con su figura
y tú acariciando la superficie,
con la magia muerta entre los dedos.

La espada brillando
y yo tras el cristal opaco.
No puedes verme 
sobre laberintos de madera,
pero acaricio tu imagen,
pero saboreo las lágrimas.
Y te sumerges bajo el mar,
pues los tiburones han decidido 
recorrer otras venas,
las mías, las mías…










Adiós y bienvenidos

Las etapas mueren y se funden en algo melancólico, una especie de nube arco iris que se va acumulando sobre sus recuerdos. No soy de los que dejan de “echar de menos” y tampoco de los que pueden “dar un portazo” a todo lo que crean, por ello este cambio de nombre no ha resultado sencillo o exento de cierta tristeza.
Espero que a nadie de mis contados lectores le haya parecido “mal” este cambio, ya que esto no significa que vaya a mudar mi forma de escribir. De todas formas no soy el mismo que inició este espacio, ni seré igual cuando lo finalice (espero que dentro de mucho).

El nuevo nombre tiene un origen, y no precisamente actual. Recuerdo que debía tener unos 16 años (cuánto ha llovido) y estaba en el coche, llegando a una casa que ya no habito, y a la que echo de menos. No sé porqué razón, pero tenía la certeza en aquel momento de que tarde o temprano tendría que escribir un libro, malo, bueno o regular.
Es curioso porque siempre he querido comenzar “la casa por el tejado”, así me va. Por ello empecé a pensar en un nombre para la novela, algo que realmente me gustase y que no hubiese escuchado o leído nunca. Así nació “El Guardián de lo Desconocido”, como una especie de meta alcanzable a corto plazo pero que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una especie de niño que no logra crecer demasiado y necesita ayudas constantes para mantenerse en primer plano.

En fin, no hay que darle más vueltas. Tampoco voy a repasar el texto al completo en busca de repeticiones, faltas ortográficas o paranoias varias. Lo dejaré tal y como está, para que dentro de un tiempo pueda reírme de lo puesto aquí.


Te echaré de menos “The Lost Silence”, lo prometo.




Espero poder veros pronto a todos entre cada línea o párrafo.
Nos leemos… 😉