Inmóvil

Imagen obtenida de http://theendofthedark.blogspot.com.es/



Anoche estuvo en mi habitación, lo sé porque pude escuchar su voz, un eco lejano dentro de los sueños que a menudo asaltan mi mente. Sus palabras temblaban, llorando en el umbral de mis oídos, supongo que ha dejado de esperarme.
No pude abrir los ojos en ningún momento, ni abrazarla para que dejase de llorar, ni tocarla… Pero hace tiempo que incluso yo mismo, he dejado de esperarme.

Huelo las flores en alguna parte del cuarto, son algo a lo que nunca he dado demasiada importancia, pero ahora que tengo los ojos cerrados aprecio más su presencia. También huelo de vez en cuando el césped, la colonia de las enfermeras, o el olor del asfalto recién mojado. Pero todo ello se entremezcla, bailando en mi mente unos con otros, perdiéndose en mis propias ilusiones.

Anoche, como dije, ella vino. Me habló de Sara y de sus problemas en el instituto, de la vida en general, de la vida en particular, y de esos sucesos que no valen nada hasta que se echan de menos. Supongo que para ellos todo eso es importante, por eso escucho pacientemente, mientras viajo a través de la luz que todavía sobrevive dentro de mí.

No tengo intención de volver, mis músculos, mi cuerpo… Hace tiempo que no me pertenecen y aunque desearía gritar, saltar, correr a través de cientos de miradas atónitas, debo reconocer que comienzo a perder la desesperación, la esperanza, la amargura, y simplemente crece mi deseo de huir más allá de las nubes, las mismas nubes que miraba cuando perdí el control de todo lo que me rodeaba.

Al principio escuchaba muchas voces que hablaban, muchos deseos ocultos, demasiados monólogos vacíos. Pero sobretodo me escuchaba a mi mismo, respondiendo, gritando, peleando por salir de esta coraza que me mantiene tumbado en una camilla fría, día y noche.
Pero esas voces fueron desapareciendo, abandonando la espera eterna en la que se ha convertido mi existencia, si es que así puede llamarse.

En ocasiones me veo desde fuera, flotando en el techo, riéndome de ese cuerpo inútil que ya no va a ningún sitio, conectado a una máquina que parece más viva que yo. A veces alzo el vuelo y miro a Sara fumando, a mi padre escribiendo y a ella tocando el piano… Sigue tocando igual, solo que ahora todo suena más triste.

Ella vino y sentí que mi tiempo aquí se acababa, pues sus ojos habían derramado demasiadas lágrimas y los míos nunca volverían a abrirse. Escucho aquella canción resonando entre las costuras de mi alma, como un epílogo lento y acompasado de una despedida postergada. 
No importa lo que venga, lo que haya más allá de este ridículo y gran teatro, no importa el olvido, ni el tiempo perdido. Solo importan las historias que se están contando y las que están por contar, los que volamos sobrevivimos dentro de los que se quedan, aunque con el tiempo solo seamos una sombra, un suave retazo que provoca una leve sonrisa.

Escucho la canción de canciones y vuelo entre las ramas de los árboles, sin máquinas, sin camillas, sin tiempo que perder…