El Corazón de Piedra

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El caserío se encontraba sumido en el silencio elegido de esos lugares que tiempo atrás han estado llenos de vida, de esos espacios mágicos que parecen a punto de venirse a bajo, víctimas propicias de un mal endémico… El paso del tiempo.


Lo había visto innumerables veces tras los cristales de su casa, en el mismo estado, embalsamado entre un millón de sombras. Pero, por suerte, aquello iba a cambiar, o por lo menos eso es lo que él creía.

Las enredaderas fueron las primeras en escapar de la corteza de sus paredes, los obreros tardaron tiempo en reconstruir parte de la fachada, pero él no tenía prisa, el tiempo ya no era, ni volvería a ser ningún obstáculo. A pesar de ello, sentía que aquello podría ser su último acto, la última obra que le quedase.

Mantuvo en la medida de lo posible, todas las fotos y los cuadros intactos, pues sabía que el corazón de aquella mansión era lo más importante.
Los viejos ventanales eran sus ojos, parte de aquel ente superviviente, que ahora estaba ciego. Por ello cambió sus marcos y sus pestañas, sus cortinas, sus párpados y por supuesto, sus pupilas…

Fue dibujando todos los cambios, todos los ajustes en la estructura, pues como ya dije anteriormente, el tiempo no existía dentro de aquel espacio, en el interior de aquella finca extraviada de la mano del universo.

La gente que iba y venía murmuraba, hablaban entre ellos de aquel hombre con semblante perdido, de ojos negros y manos rápidas con el pincel. Pero nadie lo recordaba o conocía, nada importaba y todo era trascendente, no sabría explicarlo ahora mismo, pero aquel hombre estaba tan consumido por su propio pasado que el futuro ya no parecía importarle, simplemente vivía en aquel filamento temporal minúsculo que llamamos presente.

Llegó septiembre con la fuerza de los temporales, y toda la gente desapareció de aquel caserón, a cuenta gotas, perdiéndose tras los muros que abrían paso al mundo real.
Llovía en el exterior con fuerza, mientras sus ojos contemplaban los abetos desde la ventana, el cielo engalanado con las gotas de agua, Abrió una botella de vino y llenó una de las copas que yacían en la encimera nueva, se acercó con parsimonia a una de las fotos que había rescatado del sótano de aquella mansión, y solo entonces supo que todo había terminado.

– Por ti, siempre ha sido por ti -dijo levantando la copa hacia la imagen congelada.



Sus ojos eran verdes, y negros, también eran azules, a veces marrones… Su piel concentraba los rayos de sol, y sus palabras suavizaban las aristas de los peñascos en los que tantas y tantas veces perdieron la cabeza. Era ella, y era él, por ello ambos sabían que todo terminaría desapareciendo…









El Último Fuego

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Los últimos fuegos enmudecen,
el pálpito sombrío de sus dedos,
los tuyos,
y las olas que mueren… 
Donde siempre han muerto.

Destino fulminante,
que quiebra el mundo.
La paz olvidada de un amor huidizo
y las velas fundiéndose juntas, 
juntas bajo el canto de los grillos.

Algo más grande o pequeño que todo,
el manto negro del cielo,
sus estrellas brillando sin miedo,
el océano, espejo de sombras y recuerdos.

Y es difícil explicar tus historias,
complicado descifrar si todas han sido sueños,
dibujos impolutos de otra vida.
Porque ambos sabemos… 
Que ni siquiera existimos.

Las últimas cenizas de la hoguera,
y la arena muriendo
donde siempre ha muerto.
Bajo el agua que canta 
donde beben los cuervos.

Tu historia y mi historia
jamás han sido escritas,
nunca contadas,
no comprendidas.
Pero el universo lo guarda todo,
bajo los ojos inmensos de millones de estrellas,
en galaxias llameantes de una playa perdida.

“Bajo la sombra de tus palabras aprendí a recordar”

Cien Mariposas de Madera

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El horizonte se tiñe de rojo,
agujeros enormes atraviesan mis músculos,
creando ese vacío de las noches sin dormir,
de los palacios de cartón 
que se pudren bajo la lluvia.

Y la luna es una simple sombra,
y las mariposas de madera caen desde las nubes,
horadando las raíces de árboles sin piel.

Asciendes desde el suelo, 
subiendo hasta la cúspide del universo.
Y desde allí contemplas al tiempo, 
oscuro hombre sin prisa para la muerte.

Las carreteras se quiebran,
las manos vacías de rostros escuálidos…
Simplemente se pierden en la noche,
como antes, como ahora, como siempre.

Y somos la poesía que se divierte,
que se cansa de sí misma,
que se pierde.

Agujeros oscuros sobre recuerdos malditos,
sobre recuerdos inmortales,
y los recordadores nadan entre sus propias historias,
y las historias se los acaban comiendo.

La vida ya no sonríe,
pero no es tonta, se divierte,
se divierte jugando con nuestros solitarios cuerpos,
con la huella de tu piel sobre la mía,
una huella de la que caen… Cien mariposas de madera.






“Un sueño, como la vida, es una historia incompleta”

Gracias

Creo que nunca he pensado en cerrar este blog, no quiero ponerle una fecha de caducidad como ya he visto en algún otro y es posible que la última publicación en este espacio sea como todas las demás, sin despedidas, pues realmente nunca hubo un saludo inicial. Quizá con ello he sido algo maleducado, disculpadme. 


Esto es como mi casa, no os voy a mentir, es algo propio, algo que siempre ha formado parte de mí mismo y que desde hace poco tiene nombre. Un nombre que quizá no sea el más adecuado, pero… Cuando tienes un hijo, una mascota, o cualquier otra cosa a la que deseas nombrar, no sabes realmente cómo será o en qué se convertirá a lo largo del tiempo… “The Lost Silence” no es el nombre que yo le daría en este momento, pero es el nombre que en su momento quise darle.

Imagino que muchos de los que entráis lo hacéis por accidente, y prácticamente todos los que os dejáis caer escaparéis pronto hacia otros lugares, sin percataros siquiera de lo que contiene. Es lógico, es como caminar por la calle entre un montón de gente, fijar tu mirada en alguien y después apartarla para seguir caminando. Una minoría quizá lea un párrafo, con suerte, y otros llegarán a esta parte del texto y se irán. Pero quizá, si esperamos pacientemente veamos que alguien lee todo un relato o alguno de los poemas que sobreviven entre las pequeñas olas de este espacio y compartan conmigo su tiempo, al fin y al cabo, escribo para este último caso.

No sé cuanta vida tendrá, como ya he dicho, pero espero que no sea poca. Pues a pesar de no expresar mi vida directamente, en él he vertido gran parte de mis miedos, sueños y demás tonterías que ya os imaginaréis si habéis leído algo de lo que escribo y sino, siempre estaréis a tiempo, porque mientras uno vive, el tiempo se puede invertir en mil cosas diferentes, aunque casi siempre los días pasen esperando al siguiente.

20.000 visitas… 24 seguidores, 21 miembros… No es mucho, pero todo comenzó en la nada, en el vacío y frío espacio de un blog recién nacido, que respiraba únicamente bajo un nombre, que no tenía rostro ni palabras.

No soy bueno para estas cosas, pero de nuevo agradezco vuestra visita, porque este sitio es muy pequeño y con poca luz, pero no os faltará nunca esa palabra que últimamente se escucha tan poco… 

“Gracias”… Y hasta pronto.