…Saltar



Bajaba de dos en dos los escalones, respirando entrecortadamente. La calle estaba vacía, sólo unas cuantas palomas se atrevían a caminar sobre el suelo mojado. 

Estaba cansada, la noche había sido larga, sus ojos no se cerraron en ningún momento intentando decidir lo que haría al día siguiente. Y el día había llegado, imparable.

Sabía lo que quería, su corazón le habría obligado a recorrer aquel trayecto mucho antes de que aquel momento llegara. Pero sus pies, sus manos y su cuerpo entero no se lo permitieron, víctima quizá del miedo.

Miedo de cambiar, miedo de saltar, miedo, miedo…

Pensaba en todo eso cuando cogió el primer bus que salía en dirección a su destino. El conductor era el único habitante de aquel minúsculo punto del universo. 

Se sentó, sola, y recordó la discusión que había tenido la tarde anterior, tan lejana, tan ajena a su propio ser que le pareció sacada de un libro, más que de su propia vida.

Sabía que aquel giro, aquel cambio podía llegar tarde, pero el simple hecho de intentarlo le reconfortó. Porque en ocasiones sentirse bien con uno mismo no se consigue alcanzando metas, sino creando actos que estén conformes con nuestros sentimientos, aunque no nos lleven a ningún lado, aunque no cumplamos el objetivo por el que hemos luchado.

Se bajó del autobús en cuanto vio una casa de portal negro, escondida entre otras. Aquel lugar encerraba recuerdos que renacían cuando lo contemplaba, como si de un torrente se tratase.

El viento soplaba suave y frío, rozando sus manos blancas. En aquel momento no pudo sentirlo, su cabeza se anticipaba a cada paso y no era consciente de ciertas cosas, tampoco fue consciente de que las nubes comenzaban a disiparse, mientras el sol despertaba y teñía de naranja las montañas .

Se sentó sobre el suelo, apoyada en un muro, mirando las ventanas de la casa que tenía enfrente, aparentemente vacía, dormida. Había imaginado muchas veces aquel momento, había creado una historia a partir de aquel acontecimiento y los posteriores que sucederían a ese, había dibujado tantas cosas en su mente que llegó a creer que jamás ocurrirían.

Un joven salió del portal negro y la miró. Sus ojos parecían no creer lo que miraban, o al menos no sabían si era en verdad ella. Después de unos segundos de incertidumbre se acercó y se sentó a su lado. El tiempo voló sobre sus cabezas, fluyendo sobre los tejados de las casas, arrastrándose sobre el suelo, creando un presente imaginado mil veces.

En ocasiones un suceso se planifica durante mucho tiempo en nuestra cabeza, en ocasiones nos defrauda la forma en la que el tiempo nos despierta del sueño, pero otras, muy pocas, la realidad mejora con creces lo imaginado. A vosotros os toca elegir, imaginar y soñar, a vosotros os toca decidir si queréis seguir sentados, o si por el contrario necesitáis… Saltar.