El Corazón de las Sombras

Sus ojos se abrieron en el corazón del bosque, la oscuridad le rodeaba con sus alas negras, la luna lo observaba desde el cielo con su semblante impasible.

Sus brazos de madera chirriaron cuando intentó incorporarse, y su boca no pudo emitir ningún sonido cuándo volvió a caer al suelo. Sus labios eran simples hilos trenzados en su cara metálica.

Se levantó mientras escuchaba una sinfonía lejana, que parecía proceder de un pequeño claro del bosque donde se podían apreciar pequeños puntos de luz.
Miró sus manos, sus dedos de tela marrón oscura que se movían con dificultad. Los ojos escintilaban una luz amarillenta que permitía que se guiase en la oscuridad.

Se acercó lentamente a los puntos de luz, entre los matorrales, para no ser visto. Al acercarse pudo ver unas siluetas delgadas con hilos en las muñecas, unos hilos que ascendían hacia el cielo, hacia la luna.
Se movían en círculos y sus caras emitían aquella luz que había visto en la lejanía, salvo sus ojos y boca que eran pura oscuridad.

De repente dejaron de girar y se dieron la vuelta, le miraron fijamente y sonrieron a la vez. Algo en aquella sonrisa fría hizo que escapase de allí, que corriese lejos del claro del bosque. Sentía que aquellos seres lo seguían desde la oscuridad y por ello no se detuvo hasta tener la certeza de haber escapado.

Los árboles eran oscuros y sus ramas parecían garras o brazos que se alargaban sobre su cabeza. No sabía donde estaba, ni quien era, solo que debía encontrar a alguien o algo, algo importante que no era capaz de recordar.

Continuó caminando, una cueva apareció entre la maleza, pequeños faroles iluminaban su entrada, una abertura que parecía llegar hasta el corazón de la tierra.
Entró en ella, el aire soplaba desde fuera y movía la tela de su ropa con un vaivén hipnótico.

Las paredes de la cueva se estrechaban a cada paso, sus ojos le guiaban en la semioscuridad. Perdió el equilibrio y cayó al suelo, en ese momento vio dibujos en las paredes, rozó con la yema de sus dedos cada retazo pintado sobre la roca.
Las pinturas hablaban de siluetas brillantes, de habitantes oscuros, de seres alargados que deambulaban bajo la espesura del bosque.

La cueva respiraba, sus paredes a veces parecían moverse y un aire cálido soplaba desde sus entrañas hacia el exterior. Aquel aire parecía emitir recuerdos de un pasado lejano, un pasado en el que la luz era un elemento más en el Reino de las Sombras.

Sus pies de madera avanzaron sobre el húmedo suelo, una respiración proveniente del interior de la cueva hizo que el miedo se apoderase de su pequeño cuerpo de madera.
Unos ojos brillaron a pocos centímetros de él, calló al suelo y rodó sobre la superficie húmeda rasgándose el pantalón.
Desde el suelo pudo ver una gigantesca figura con escamas que relucían en la penumbra, aquello estaba intentando encontrarle, atraparle, arrastrarle al corazón de las sombras.

Poco a poco fue arrastrándose por el suelo, intentando no hacer ruido. Un movimiento en falso, una piedra que rueda sobre el suelo, un silencio frío que atrapa aquella lúgubre atmósfera.
Corrió hacia la salida, con el ruido aterrador que aquella bestia producía a sus espaldas, en aquel momento creyó que la cueva se vendría abajo a causa del temblor que sentía bajo sus pies.

Al llegar al exterior no se detuvo, no miró atrás, continuó corriendo bajo los árboles de aquel bosque muerto   cuyas ramas eran garras, brazos y dedos que se alargaban intentando arrancar del cielo las pequeñas nubes que vivían sobre aquel lienzo oscuro.

Recordó el momento en el que empezó a ver el mundo con claridad, recordó las cuerdas que lo habían atado a la falsa realidad que la luna proyectaba, títeres de la noche, títeres del olvido…
Entonces comprendió que el mundo es algo por lo que hay que luchar, algo en lo que hay que tomar partido, quedarse observando es perder… quedarse observando significa no formar parte de todo esto.

Una pequeña flor de pétalos rojizos emergía del suelo, con sus manos apartó la hierba oscura que la rodeaba y durante unos instantes permitió que el tiempo volase mientras la observaba.

Continuó su camino bajo el bosque sombrío, descubrió el mundo que le rodeaba y viajó sobre montañas nevadas y cuevas interminables.
Formó parte de aquel mundo, y con el paso del tiempo se dio cuenta de que a veces en la oscuridad podemos hallar la luz.


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2 opiniones en “El Corazón de las Sombras”

  1. Ante todo gracias por tu visita a mi sitio. Se agradece de veras, recibir amigos nuevos por un sitio que se quiere tanto. Me has cautivado con la atmósfera fosca. He creído ver un espantapájaros en algún momento, como protagonista, pero supongo que es bueno no tener la certeza de la identidad del personaje principal. Eso refuerza la sensación de misterio. Un buen relato.

    Por si te interesa… tengo un foro literario: http://www.abracadabra-nuncajamas.com nos gustaría mucho tenerte como participante. Un abrazo.

  2. De nada Seshat, siempre es un placer visitar blogs de literatura como el tuyo. Te agradezco a ti la visita a mi página, cada vez que tengo un comentario valorando mis textos me alegro un montón.
    Quizá sea un espantapájaros aunque yo pensaba más bien en una marioneta cuando lo escribía, pero tener distintas visiones de un mismo relato es fascinante.
    Participaré en tu foro que parece muy interesante y por cierto ya soy seguidor del mismo.
    Un saludo y un abrazo

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