Reflejos

Lágrimas que caen, sueños que se marchitan en la niebla,
una espiral continua de días fotocopiados en blanco y negro,
callejones sombríos, heridos,
perdidos en el recuerdo de la gris ciudad.
Grito bajo las ramas de los árboles,
el eco  devuelve mi propia voz, ninguna respuesta,
la soledad se apropia de cada objeto,
de cada instante congelado en el tiempo.
Los rostros desfilan ante mí, grises,
sus disfraces vuelan bajo el tenue sol,
observo mi cara en cada espejo, no puedo ver nada,
solo soy un borroso reflejo,
 un muñeco roto en este gran guiñol.
Mis pasos quedan marcados en la arena,
solo en un instante, en un segundo,
para a continuación ser borrados,
ahogados por el oscuro océano, silencioso y macabro,
el corazón del mundo.
Las voces se difuminan poco a poco,
mis ojos comienzan a cerrarse,
la pantalla se apaga,
el silencio aparece,
la historia termina,
 los sueños  mueren, y todo acaba,
todo desaparece bajo la tierra húmeda y el cielo invernal.

Ecos del Pasado

La calle está vacía, la penumbra lo atrapa y lo único que se escucha es el lastimero maullido de un gato solitario.

Algo lo sigue desde que salió de la posada, lo nota, siente un escalofrío que le recorre la espalda y el cuello.
Ha escondido la carta en el abrigo, cerca de su pecho, la toca para cerciorarse de que continúa allí.

Al final de la calle gira a la derecha, en dirección al puerto y en ese momento recuerda las lejanas palabras que su padre le recitó años atrás…

“Aparecen durante la noche, parecen sombras, siluetas que se pierden en las paredes oscuras… Se mueven silenciosamente en la penumbra…”

En ese momento acelera el paso, no puede permitir que lo atrapen, no cuando ha llegado tan lejos.

Tropieza y pierde el equilibrio, no sabe si algo lo ha empujado… escruta la penumbra desde el suelo, nada parece haber cambiado, solo escucha el sonido del mar rozando suavemente la madera de los barcos.

Se incorpora, comienza a correr sobre las losas oscuras y es en ese instante cuando escucha pasos cada vez más rápidos detrás de él.

Cambia su dirección en un desesperado intento de escapar… De pronto comienza a llover, una lluvia lenta y continua que moja su ropa y crea infinitos reflejos sobre el húmedo asfalto.

El callejón se vuelve cada vez más estrecho… corre sin pausa mirando hacia atrás continuamente, corre hasta que llega al final, no hay salida. Se da la vuelta para mirar cara a cara a la oscuridad.

La sombra, la silueta oscura lo observa a unos metros, no se mueve, permanece impasible sin mover ni un solo músculo.

Poco a poco la sombra se acerca… poco a poco el frío empieza a recorrer su cuerpo, poco a poco el mundo comienza a escapar de sus ojos…

La oscura silueta se acerca más a él y coge la carta…

“… en sus caras no hay ojos, son los ángeles del diablo…”

Un ruido sordo se escucha en la lejanía, aquel ser se gira bruscamente y desaparece en la oscuridad.

Él sonríe, saca otra carta del bolsillo izquierdo de su pantalón, la abre… La partitura de una canción, la clave de un pasado lejano encerrada en un pedazo de papel…

Comienza a correr de nuevo sobre el asfalto, sin saber si la muerte le estará esperando en la próxima esquina…










Un Suspiro Lanzado al Aire

Imagen obtenida de http://theendofthedark.blogspot.com.es/


Toca las teclas de su vieja máquina de escribir, casi es capaz de sentir las palabras que brotaron años atrás de aquel ser inanimado, solitario y silencioso, que ahora descansa en una pequeña mesa del sótano.


El sonido de la cafetera lo despierta de sus ensoñaciones, le dedica una última mirada a aquel recuerdo del pasado y asciende las escaleras.

El penetrante olor del café le saluda al entrar en la cocina, un pequeño pájaro le observa con recelo desde el exterior, desde una de las macetas que están sobre la repisa de la ventana. 
Todo parece en calma, el día es soleado y las nubes parecen haberse esfumado, parecen haberse ido entre bastidores despidiéndose con una reverencia del público asistente. 

La televisión lanza noticias a sus espaldas, nada de eso parece importarle pues su cabeza ya está repleta de malas noticias, por ello apaga aquel artefacto y las caras desaparecen. 
Ahora el silencio gobierna, puede respirar la momentánea paz que le rodea, puede respirar la vida que entra a través de las ventanas.

El teléfono suena, su corazón tiembla… lo coge y mira la pantalla. Aquel número tan conocido asalta sus ojos proyectando miles de recuerdos sobre su mente.
Decide no responder a aquella llamada, decide que el teléfono suene hasta que su llama se extinga para siempre, decide esperar…

La casa se convierte en una prisión de repente, necesita salir para poder extinguir los temores que lo asaltan, las dudas que le hieren y el pasado que le golpea una y otra vez.



El paseo está desértico, sus pies avanzan sobre las húmedas baldosas y el mar respira plácidamente, meciendo los pequeños botes que bailan al compás de las olas… Las miradas que en otro tiempo recorrieron aquel mismo espacio parecen saludarle desde el pasado, la luz roza con delicadeza las hojas de los árboles, los troncos torcidos, la tierra… y el mar, que emite cientos de reflejos desde su calma inmutable.

El sol comienza a ocultarse entre los árboles, y con la despedida de aquel día se da cuenta de que todo ha terminado, de que todo debe dar un giro hacia algún lugar, dejar de mirar la vida como si todo fuese parte del guión de una obra teatral… había llegado el momento de actuar, o al menos de pretender ser el dueño de sus propios pasos.

El teléfono suena, lo coge, escucha aquella voz tan conocida, con su tono único, inconfundible… permite que los recuerdos inunden su cuerpo durante unos segundos, o tal vez más, no lo sabe, el tiempo no es importante después de tantos años…

“Existe un día en el que todo cambia, un día único que marca el comienzo o el fin de algo, una ráfaga de viento que trastoca nuestro mundo para siempre.”