Soñando Metáforas

Escribes cuentos sobre noches de verano,
escribes cielos estrellados en hermosas playas, 
repletas de sentimientos,
llenas de besos robados…

Sentados alrededor de una hoguera
cuyo fuego multiplica el calor de nuestros cuerpos,
me abrazas en silencio,
o susurras palabras que hacen temblar mis oídos.

Temes la soledad,
tenemos miedo de perder, de fallar,
de elegir una carretera cortada,
tenemos miedo de no volvernos a encontrar.

Escribes y sueñas metáforas,
pronuncias palabras mientras tu boca se mueve y tiembla,
mientras sonríe con timidez,
mientras nos acercamos lentamente.

En esta noche la luz es más intensa,
en esta noche la oscuridad es amiga y no mata,
no hiere, tranquiliza,
nos oculta de la realidad fría,
de las agujas de la vida.

Cuando nos tropezamos con la gente,
cuando no podemos caminar lentamente
porque nos obligan a correr,
cuando nuestras ideas tropiecen con la idea de mundo…
podremos escribir momentos que nos hagan escapar,
podremos viajar a lugares inexistentes,
a sitios creados por nuestra mente.

Hoy escribes sueños,
mañana recuerdos,
y al acabar este cuaderno no habrá un siguiente,
no habrá otra historia que contar…  

Decir Adiós

La caja comienza a cubrirse, las personas miran, no saben que palabras son las adecuadas, cual es el secreto, el momento adecuado para dar una pequeña palmada, un abrazo silencioso, no saben qué es lo apropiado en los momentos complicados.

Odias que el silencio lo ocupe todo y cuando alguien lo rompe deseas que vuelva, no eres capaz de decir o hacer nada, porque ya es suficiente con permanecer en pie y mirar como debajo de la tierra se queda una parte de tu corazón.

Es un día soleado, a pesar de la tristeza que alberga tu alma prisionera, porque a veces el mundo no comparte nuestro dolor y nos abandona en la soledad más despiadada.

Darse cuenta de lo que es realmente el vacío y pensar, siempre pensar, taladrando tu cabeza con preguntas sin respuestas claras.

Hoy es el momento de las despedidas lanzadas al aire, despedidas que rebotan en las paredes de esta cárcel de lágrimas, despedidas que nunca llegarán a sus oídos.

La caja ha desaparecido bajo la tierra seca y la gente comienza a desaparecer por donde ha venido, volviendo a su rutina diaria, olvidándose en cuestión de segundos del dolor y la pérdida ajena.

Ahora miras la sombra que se ha instalado sobre la tierra, ahora te quedas solo, alargando al máximo tu despedida, mirando los árboles silenciosos y los pájaros que buscan en el suelo los sueños derramados por la gente que ha pasado. Ahora no quieres decir adiós, no puedes, necesitas volver a ver, volver a sentir que todo tiene un sentido, volver a creer… pero las nubes cubren en cielo…

Te arrodillas sobre el suelo, acaricias la tierra y posas sobre ella las flores que llevabas entre las manos… te levantas y permaneces allí… en silencio, deseando que todo vuelva a ser como antes…

“Sobre las nubes todo se ve distinto, sobre las nubes puede verse el sol, no te preocupes por mi…”

Reino de Sombras

El olor de la hierba mojada entra dentro de mi, caigo sobre el suelo, mis rodillas se empapan con agua y barro espeso.


Las primeras luces de la mañana tocan el cielo suavemente, tengo que escapar antes de que el sol aparezca en el horizonte… Me levanto, el barro se ha apoderado de la palma de mis manos, mi destino ya es visible unos metros mas allá, puedo conseguirlo…

En ese instante el suelo comienza a temblar, algunos árboles caen al suelo, el viento helado sopla con fuerza congelando mi piel, tiempo… necesito tiempo…


Las sombras avanzan, las puedo ver entre las ramas, puedo sentir su odio, su necesidad de encontrarme, de arrastrarme hacia el corazón de las tinieblas.


Mis piernas se hunden en el barro mientras camino, una mano fría me sujeta, intentan agarrarme, pero consigo escapar, pedazos de hielo saltan al hacerlo, mi brazo se congela, me alcanzarán antes de llegar a mi meta.


Llego hasta la puerta, giro el pomo…. no se abre… me doy la vuelta y miro, miro el claro del bosque, miro los silenciosos árboles, miro las sombras alargándose poco a poco hacia mi…


La puerta se abre, mis ojos se abren, despierto de los sueños, despierto de la realidad que la noche guarda tras mis párpados, entre las sábanas me muevo y respiro tranquilo, las pesadillas han desaparecido…


Sin darme cuenta vuelvo a quedarme dormido, sin darme cuenta vuelvo a cerrar mis párpados… mientras sobre la almohada descansan pequeños pedazos de hielo…

Estatua de Metal



Triste luna amarga,
iluminas esta extraña noche bajo tu fría luz,
intentas ahogarme en tus lágrimas,
soy tu marioneta macabra, tu sombra enigmática.

Soy una estatua de metal rodeada de barrotes,
una piedra que agoniza frente a su semblante impasible,
luna inerte,
soy un avión de papel en manos de la muerte.

De mis ojos paralizados crece el musgo,
poco a poco la hierba ha ocultado mi silueta,
las enredaderas han recorrido mi espalda desnuda,
el tiempo ha dado caza a mi frágil cuerpo cubierto de hiedra.

Caen desde el cielo pequeños pedazos de tiempo,
todo el mundo a cambiado,
he sido el espectador, el viajero sin ojos,
un objeto inanimado,
las ciudades, la gente, las calles,
han desaparecido,
se han desvanecido,
como simples rayos fugaces,
sin dejar rastro, sin hacer ruido.

Solo mis ojos quedan al descubierto,
mi mirada impasible escruta la penumbra,
busco retazos del pasado, supervivientes de la tempestad,
pero a mi pesar solo encuentro mi tumba,
el silencio eterno que guarda la oscuridad.

Tiempo Congelado

La vida es una corriente,
algo que fluye de unos a otros,
un anciano sobre un banco,
niños riendo en un parque,
un mundo, un sueño, un deseo lanzado al aire…

La mayor parte del tiempo es de relleno,
tiempo en el que observamos una meta, un destino,
sin mirar hacia los lados, pinceladas difusas sobre un lienzo grisáceo,
entre tensos silencios, sobre nuestras frías manos.

Sin darnos cuenta dejamos que el tiempo se escape,
dejamos que la corriente acelere sin más,
con la sucesión de días y noches neutras,
de momentos elegidos al azar.

Sumergido en la corriente he congelado el tiempo,
sentado sobre las escaleras perdidas en los cajones de tu memoria,
bajo los árboles de lágrimas que brotaron un día de tus ojos nuevos,
he escrito con lápices pálidos la visión de un triste viajero,
un viajero sin ojos, huérfano de sueños, fantasma del silencio.