El Despertar

El despertador arranca mi alma de los sueños, el sol comienza a aparecer en escena, a través de las ventanas la ciudad se expande, se mueve, respira, como un ser vivo, como un animal gris de piedra y asfalto. Hace frío y mi cuerpo no reacciona, demasiada información entra a través de mis ojos, quiero volver a cerrarlos, quiero volver a los sueños, volver al mundo de sábanas y almohadas.


Entro en la ducha, las gotas me golpean, y se escurren por mi pelo, mientras mi mente se escapa y se pierde, mientras vuelo hacia cualquier lugar, dejando mi cuerpo inerte bajo el agua caliente.


Vuelo sobre tejados de edificios y casas vacías, sobre mundos desconocidos de personas con metas cambiantes, con futuros llenos de interrogantes y dudas. Poco a poco los edificios y las casas se cambian por árboles, océanos, playas y paisajes nevados, todo desde arriba, sobrevolando el mundo.


Pero cuando la calma ha llegado y he olvidado de donde vengo y a donde voy, algo tira de mi, mi cuerpo me llama y me devuelve a la realidad.


El frío de la calle me golpea, y los sonidos del despertar de esta gris ciudad me saludan con ironía, coches, motos, farolas, son los guardianes y me hacen prisionero, prisionero del silencio en el corazón del ruido, de la soledad en medio de millones de personas.


Y mientras mi cuerpo sigue caminando, vuelvo a volar a través del mundo, a través del tiempo, a través de los recuerdos…

Luces y Sombras



Pequeños pájaros sobre las ramas de los árboles, su canto rompe el silencio del frondoso y solitario bosque. El sol se abre paso entre las hojas, y en el suelo hay diversas tonalidades de claroscuro. Las hojas caídas esperan pacientemente a que el viento las lleve, a que las eleve en el aire y puedan escapar, puedan viajar a traves del mundo.

Poco a poco todo se vuelve sombrío, oscuro, ya no se escuchan pájaros ni la brisa soplando entre los árboles, solo ese extraño silencio que se anticipa a la tormenta, a la tempestad.

Una figura solitaria observa el agua de un río, una sombra languidece en un bosque sombrío, la luz ya no llega, la luz ya no roza su piel, es parte de la oscuridad reinante.

Los recuerdos hacen que nos perdamos en el pasado, que nos olvidemos de que hay un futuro, que hay un presente por el que luchar, a veces nos perdemos, a veces no nos encontramos, pero siempre hay un camino por el que podemos escapar de la soledad, siempre podremos escapar del dolor. A veces necesitamos pararnos a observar, pararnos a pensar, a veces tu, yo, todos… necesitamos desprendernos de complejos, desprendernos de pasados que atraviesan corazones, de sueños perdidos bajo las aguas de lagos ocultos en la oscuridad.

Y bajo las hojas de los árboles, y el silencio del bosque, vaga tu alma perdida, vaga tu corazón solitario, mientras el sonido de las aguas del río acompaña las lágrimas, lágrimas que comienzan a caer sobre las mejillas de una sombra que se apaga, que se pierde lentamente en la niebla, en la nada, en el vacío, y se funde con las piedras, con el suave viento, con el bosque sombrío que ella misma creó… y a continuación… Silencio…

Despedida

Bajo las sabanas su cuerpo no para de moverse, no consigue conciliar el sueño. El tic tac del reloj no se lo permite, o quizás no sea eso, esa noche no podrá dormir, como todas las noches que ha pasado sin su presencia, como todas las noches sin su voz.

La tormenta en el exterior aumenta, como una gran ola oscura que a su paso lo destruye todo, y su cabeza vuela lento hasta el momento en el que él se marchó…

En el muelle cada vez hacía más calor, era un día de verano y el tiempo parecía haberse detenido, los peces se movían en el agua, despacio, no había prisa para nadie. Sus piernas colgaban sobre el agua, bajo el hechizo mágico del cielo limpio, y los destellos del sol en el agua rozando su piel.
Un abrazo, el contacto de dos cuerpos en silencio, compartiendo más que palabras, más que sueños, compartiendo la vida.

No puede más, sale de la habitación, sale a la noche lluviosa, al aguacero intenso que asola su cuerpo y tambien su corazón. Corre sobre el suelo mojado, sobre charcos, quiere volver a sentirlo…

Con un abrazo, un beso, y una caricia se despidieron, sus miradas se encontraron por última vez aquel día, porque nunca sabes cuando, ni como, pero siempre hay una última vez, porque el injusto destino destroza nuestros planes y esperanzas. 
Nunca pudo despedirse, nunca pudo volver atrás,porque en un segundo, en un instante la vida termina y rompe nuestro camino, nuestro mundo.
Ese mismo día una llamada intempestiva la despertó, aquel día perdido entre los recuerdos y entre las lagrimas él se fue, él se apagó, él la abandonó en la soledad, en la oscuridad.

Las gotas de lluvia recorren sus mejillas, su ropa es pesada, está mojada, ha llegado al mismo punto, ha llegado al muelle, que ahora está vacío, que ahora está perdido en la oscuridad, como ella, como el mundo. Quiere volver a ver sus ojos, quiere volver a escuchar su voz y ver su sonrisa.
Sabe que él está en algún lugar, que está con ella aunque no pueda verlo, y eso es lo que hace que pueda seguir respirando, y seguir resistiendo la tormenta, la oscuridad y el pasar del tiempo.

Se acerca poco a poco al agua, y lentamente se sumerge en el mar…

Cayendo en las Sombras


Se mueve en el silencio de las calles vacías, en la oscuridad. Se que está en algún lugar, esperando, escucho su respiración entrecortada, su caminar sigiloso e hipnotizante.


Asciendo las escaleras oxidadas y desgastadas, hasta el tejado de un edificio sombrío, gobernado por el silencio, marchito por el pasar de los años. Escruto las tinieblas que reinan bajo mis pies pero no puedo ver nada, como si el suelo hubiese desaparecido en la inmensidad del universo.


Un cristal se rompe en mil pedazos detrás de mi, allí está, oculto entre la oscuridad, un ser de otro mundo, tan viejo como el tiempo. Sabe que pronto mi vida terminará, la sangre cae como un torrente desde mi pecho, es solo cuestión de segundos, ya no me quedan fuerzas… Extiende sus alas abarcando cualquier resquicio, cualquier vía de escape, estoy atrapado.


El ángel de la niebla me observa con sus ojos pálidos, y una sonrisa vacía de toda emoción. Se acerca lentamente esperando mi final, esperando mi rendición. Poco a poco caigo en el vacío, en la inmensidad de la nada imperturbable, bajo la mirada de su rostro inhumano, frío y sin vida.


Me envuelve con sus negras alas, y su boca pronuncia palabras indescifrables, mientras lenta, pero inexorablemente me conduce hacia la oscuridad eterna de una noche tenebrosa e impenetrable.

Límites del Tiempo

Sobre el cielo,
las nubes se escurren entre mis dedos,
en la superficie del mar veo los reflejos de todas las vidas,
con todas sus dudas,
con todos sus miedos.


En un viaje al pasado,
en un punto inconcreto del mundo,
bajo las estrellas,
entre tinieblas,
la felicidad recorría nuestros cuerpos,
y trazabamos planes sobre el viento.


Minúsculas gotas de agua en la hierba,
mis pies las recogen y se mojan,
bajo los árboles, sobre la tierra,
miles de sueños vagando entre la niebla.


Allí estoy de nuevo,
sin razón aparente,
recuerdos, miedos,
rimas perdidas en mi mente,
dedico años a imaginar,
imaginando que vuelo sobre el mar.


Sobre el mar,
pequeños destellos de luz golpean mis ojos,
intentan que vuelva a la realidad,
pero no puedo,
pero no quiero,
solo dejo que la corriente me lleve,
y me arrastre lentamente hacia el final.

Y las gaviotas, los pájaros,
cantan sobre la arena,
me miran y echan a volar,
mientras mis ojos y mi corazón se abren,
mientras el sol se escapa, y la luna vuelve,
y la tierra duerme de nuevo en paz.

Inerte

Desde arriba todo es diminuto,

todas las cosas, todo el ruido del mundo…
se desvanece, se pierde en un segundo,
formo parte de un gran todo, y a la vez soy la nada.

Es como si todo se hubiese ido,
pero continuase de alguna forma en el mismo lugar,
desde que todo acabó,
me olvidé de respirar.

Estoy sobre el agua cristalina,
sobre la hierba de campos lejanos,
estoy pero a la vez no me siento con vida,
porque ya no tengo el suelo bajo mis pies.

El viento, el suave viento ya no roza mi piel,
porque no tengo cuerpo,
viajo a cualquier lugar pero no existo,
soy el recuerdo de un corazón olvidado por el tiempo.

Las noches y los días se suceden,
mientras observo sin ojos, al mundo girando,
con una calma extraña,
con un sueño que nunca acaba,
recordando la vida,
los sonidos, los pasos sobre la arena,
sobre losas de piedra,
recordando el reflejo de mi cara sobre el cristal,
recordando el día en el que dejé de soñar.

Muerte, es lo que me envuelve,
la nada es lo que me atrapa,
porque en aquel instante la vida se escapó,
y como despedida dejé escapar un suspiro,
dejé escapar el alma desde mi interior.

Las estrellas brillan desde el cielo,
y el vacío que dejo lo ocupará el olvido y el silencio.


Para Toda la Eternidad

El tiempo ha pasado lento, demasiado lento, en esta habitación fría, en esta soledad que le consume. Sus ojos de vidrio miran a través de una ventana cubierta de escarcha, miran el mundo exterior, mira un parque lejano, vacío. Sus pequeñas manos de metal tocan el cristal, solo quiere saber qué es la felicidad, solo quiere saber como es la vida cuando la sangre recorre tus venas, cuando el viento roza la piel, cuando el sol da calor y se siente el frío. Una mesa, una silla y una mansión abandonada son su única compañía y el silencio… el silencio que todo lo envuelve. Todos se han ido, y no volverán jamás, aunque todavía puede recordar aquella misma mansión llena de vida, llena de ruido, llena de gente. Pero poco a poco todos fueron desapareciendo, fueron engullidos por el pasar de los años, por el pasar de los segundos, del tiempo, de la vida que tarde o temprano acaba. Y al final se quedó solo, deambulando por los pasillos de la casa, viviendo de recuerdos y pequeños momentos pasados. 

De pronto algo le llama la atención en el parque, alguien esta sentado en uno de los bancos, y sus ojos se encuentran, y se da cuenta, de que por mucho tiempo que pase, jamás olvidará esa mirada. Sale de la casa y se acerca, jamás había salido de aquel lugar, jamás había sentido el suelo de piedra bajo sus pies. Ella lo está mirando, con sus ojos oscuros, y el se pierde en esa mirada que le traspasa el alma. Porque hay momentos en los que el tiempo y el mundo son perfectos, porque hay momentos en los que el aire y todas las cosas del universo se compenetran y crean un baile perfecto, una sintonía mágica que nos hace perder el sentido de la realidad, momentos de pura felicidad. 
Hablan de todo y de nada, se cuentan cosas inexplicables, cosas que jamás contaron, cosas que guardan en su interior desde siempre, y el tiempo, como el aire y el agua, se escapa sin poderlo remediar. Ella debe irse, pero promete que volverá, el se queda y esperará, porque es lo que siempre ha echo, esperar y esperar.
Se queda sentado sobre un banco de madera, mientras ella desaparece entre la niebla, y espera, espera y recuerda los momentos que paso a su lado, porque el resto de las cosas son actores secundarios ahora, y ella es el centro del mundo.

Ella recorre el suelo empedrado, y en el parque no hay rastro de él, del chico de metal. Hasta que se da cuenta, sobre el banco hay una figura sentada, una figura inmóvil. Se acerca poco a poco, el oxido ha congelado el cuerpo del chico, ella se sienta a su lado, pero los ojos de vidrio ya no volverán a mirar, ya no volverán a observar el mundo. Pero los sentimientos son algo inquebrantable, son algo que nunca muere, que por mucho tiempo que pase jamás desaparecerán.
El viento mece las ramas de los árboles y el sonido de una fuente cercana llena de sonido el silencio del lugar, y ella se queda a su lado, y esperará, esperará a que el vuelva a mirar, hasta que esos ojos de vidrio regresen de la eterna oscuridad.

Desde el Cielo

El silencio del parque,
los niños hace tiempo que se han ido,
porque ya es demasiado tarde,
porque la oscuridad ha abierto sus alas.

Oscura soledad de los columpios que chirrían,
que se mecen con el viento,
de los toboganes vacíos,
de los corazones abandonados por el tiempo.

Los bancos permanecen inmóviles,
esperando a que el día llegue,
agazapados entre la oscuridad que parece eterna,
escondidos bajo los árboles, mientras llueve.

Tú, en silencio observas,
tú, has decidido recordar,
con las manos en los bolsillos y paralizada por el frío,
recuerdas un pasado no muy lejano,
sentada sobre un columpio mojado.

El tiempo resvala entre tus dedos,
como el agua, como el aire,
y ya no pretendes retenerlo entre tus manos,
prefieres que corra hacia delante,
como hace tiempo, como hizo siempre.

En la profundidad de tus ojos desaparece el mundo,
los bancos, los árboles, el parque,
y en el silencio de esta noche
simplemente sonríes,
simplemente inspiras y exhalas,
mientras el sueño acaba,
mientras todos los recuerdos caen suavemente desde el cielo.

Último Instante



Caminas como hace años sobre las losas del paseo,

miles de flashes te golpean, 
miles de recuerdos te rodean,
sabes donde caíste por primera vez al suelo,
cuentas los momentos que pasaste mirando el mar,
simplemente observando, o imaginando sin más.

Todos los rincones son distintos, o quizás iguales,
las farolas parecen haber perdido su color,
pero los bancos siguen intactos, imperturbables,
y tu corazón, ya envejecido recuerda cada instante de dolor,
de alegría desaforada, de felicidad inquebrantable.

Te sientas, el sol esta allá arriba, lejos, muy lejos,
tus ojos están cansados y se cierran,
tu respiración se vuelve lenta, pausada,
el mundo se aleja, poco a poco…. y los sueños comienzan.

Te despiertas sobre la arena, risas de niños,
caras conocidas, caras antiguas que te han acompañado,
ella… ha vuelto de entre las sombras del pasado,
eres joven, como hace años, o quizás nunca has sido viejo,
todo ha sido un sueño,
o quizás nunca sabrás que ha ocurrido,
pero ahora te levantas, la miras,
y comienzas a correr con ella sobre la arena de un día de primavera, 
mientras una ambulancia corre rápida sobre una lejana carretera.

Noche Bajo las Estrellas



Bien, comencemos con una calada de aire limpio, abramos las ventanillas de nuestro viejo coche, sintamos el frío de esta eterna noche, mientras observamos la ciudad a lo lejos, llena de luces diminutas, de laberínticas calles vacías.
No son las nubes las que nos atrapan, ahora es momento de quitarse las vendas, de acelerar, de viajar a cualquier lugar lejos de aqui, ahora es momento de correr en la oscuridad, y de no temer a nada, de no llorar nunca más.
Las curvas se suceden, vamos dejando atrás la ciudad, la gente, las luces. Ahora solo hay árboles y la costa a nuestros pies, las playas, el mar, las olas.
La playa de noche es algo místico, el silencio, la calma, el sonido del mar tranquilo, casi susurrando, intentando decir lo que sabe, intentando expresarle sus penas al mundo, único confidente de su mente intranquila.
Bajaremos del coche a pesar del frío, nos miraremos en silencio, nos tiraremos sobre la arena, miraremos el cielo, esperaremos a que nuestros recuerdos se los lleve la marea.
Bien, terminaremos con un suspiro, con un beso bajo las estrellas, con miles de promesas pronunciadas desde nuestro interior, mientras yo te miro, y olvido todo lo que hay a nuestro alrededor. Y algún día, años después volveremos, y algún día, cuando todo sea distinto o quizás todo siga igual, regresaremos y recordaremos lo que la oscuridad nos dijo, lo que aprendimos cuando el mundo nos enseñó a observar el mar.